Aprovechar el verano para escribir y otras mentiras

Todos los años me pasa: empezar el verano como si fuese año nuevo.

Me lleno de buenos propósitos, como si fuera una especie de reinicio, entre ellos, intentar aprovechar el verano para escribir lo que no he podido el resto del año.

Pero, claro, también es época de analizar: mirar hacia atrás, analizar el primer semestre, comprobar que no he cumplido ni la mitad de cosas que tenía programadas en el calendario, agobiarme, llorar un poco y resignarme.

Después, toca rehacer la lista y comenzar de nuevo con energía y motivación.

A estas alturas del año, todo esto era lo que debería estar tachado de mi planificación:

  • Quería publicar la novela en abril.
  • Lanzar el nuevo formato de mi curso de autocorrección para escritoras en mayo.
  • Dejar listo el programa grupal de mentorización de novela al que llevo años dando vueltas para lanzarlo en septiembre.
  • Rehacer el calendario editorial de redes para hacerlo más yo y menos generalista para el segundo semestre. Incluyendo retomar la newsletter semanal.
  • Ajustar estrategias y pensar cómo mejorar las que me han funcionado.
  • En cuanto lo personal, hacer más deporte, metiendo ejercicios de fuerza en casa, que ya estoy en edad de empezar a preocuparme por mis hormonas y me da bastante respeto la perimenopausia.

De todo esto, solo he conseguido meter más deporte en mi día a día, pero no creas que todo, solo he mantenido la rutina de caminata diaria y hacer mínimo ocho kilómetros.

Si hubiera hecho todo eso, ahora podría ocupar mi mente en la novela, en leer por placer, descansar y disfrutar.

Pero no.

Porque ese espacio sigue ocupado por todo lo anterior, agobiándome, porque después del verano, al año le queda un suspiro. Un suspiro muy corto.

Y ni de coña voy a poder hacer todo eso sin matarme a trabajar las próximas semanas.

Pero adivina: no quiero matarme a trabajar.

No quiero acabar el año para el arrastre como siempre me pasa.

No quiero que estas semanas que quedan de verano sean para estar encerrada con el ordenador todo el día y terminar con la vista agotada y la espalda agarrotada.

Eso ya lo hago el resto del año.

ELIJO dormir la siesta, jugar al pádel con mis hijos y aprovechar la casa de la playa de mi madre para bañarme en la piscina y pasear por la playa.

Descansar, aunque sea un rato por las tardes.

Las mañanas me las chupo enteras trabajando, no me queda más remedio, todavía no he llegado al punto de tener ahorrado lo suficiente para permitirme un mes sin dar palo al agua, pero no me quejo tal y como está el panorama literario; agradezco muchísimo la confianza que depositan en mí otras compañeras y compañeros escritores para que edite sus novelas o los ayude a escribirlas.

El caso es que este año voy a descansar, en plan desconexión total, tres días.

Literalmente, tres días.

Sin ordenador, sin tablet, sin redes sociales.

Un pequeño viaje de desconexión y reconexión.

Coger fuerza para poner en marcha toda esa lista que asuntos pendientes que pretendo tachar antes de septiembre.

Y si no es todo, que no creo, lo que pueda, porque tendría que trabajar diez horas diarias mínimo y no estoy dispuesta a renunciar a lo que he elegido hacer este verano.

Lo que consiga avanzar en el tiempo que he dispuesto para ello bueno será.

Sin excusas y procurando no sentirme culpable.

No es nada fácil, te sientes desgarrada entre lo que te pide el cuerpo y lo que te exige la cabeza.

Más en estos tiempos en los que no hay espacio para la calma y la reflexión porque si tardas medio segundo, ya te han comido la tostada. Así de claro.

Te desfasas enseguida y mantenerte en la carrera es agotador.

Es una sensación muy fea de ahogo constante. De sentir que no llegas. Que da igual lo que hagas porque siempre vas un paso por detrás.

Pero nadie tiene la culpa, así es como funcionan las cosas ahora y depende de nosotras elegir qué hacemos y cómo. Si queremos formar parte de esa carrera que no termina nunca o crear una a medida con nuestras reglas y nuestros valores.

Aunque sea difícil y nadar a contracorriente.

En cualquier caso, como te decía, es una cuestión de prioridades. De elección.

Así que en lo alto de mi lista está, aparte de entregar todos los manuscritos que tengo apalabrados, algunos de los cuales son superinteresantes, transformar el curso de autocorrección que hacía con clases en directo para que siempre esté disponible y sea más fácil de estudiar.

Y montar por fin mi programa grupal de mentorización de novela, que siempre voy retrasando porque, como hay millones, la inseguridad siempre me echa para atrás.

Eso no significa que la mentoría individual vaya a desaparecer, si estás pensando en trabajar con una mentora porque no eres capaz de avanzar por tu cuenta, escríbeme y nos vemos para que me expliques tu proyecto y veamos si podemos trabajar juntas.

También tendré que preparar el lanzamiento, que no es moco de pavo y creo que va a ser lo más complicado de ejecutar de la lista.

Todo lo demás que quería hacer este verano: terminar la novela, hacer formaciones que tengo acumuladas, preparar calendarios editoriales, leer más…, lamentándolo mucho, pasa a la lista secundaria.

El verano no es para ocuparlo con horarios rígidos y ser productiva. No para mí.

Aunque tengas obligaciones laborales y responsabilidades, el verano también es para hacer lo que te gusta, divertirte, cuidarte, alimentar tu creatividad, descansar o vivir aventuras que te sirvan de inspiración, ser flexible, improvisar.

Porque es el mayor parón del año a todos los niveles y un momento estupendo para recargar las pilas, reconectar con tu propósito y afianzarlo.

No te castigues si no logras alcanzar los propósitos que te habías fijado para estas semanas, si no consigues escribir lo que pensabas, ni leer tanto o avanzar en los proyectos que tengas. Tenemos la fea costumbre de siempre quedarnos con lo negativo, yo la primera, pero te invito a que no te quedes solo con la lista de cosas que no has hecho. Redacta otra con las que sí has conseguido, que seguro que son muchas, y celébralo.

Esta guía gratuita en formato checklist te ayudará a facilitarte vida y simplificar todo el proceso con pasos ordenados y claros, para que no te saltes nada importante y sepas qué hacer en cada momento.

  • Un paso a paso detallado y ordenado.
  • Fichas de datos generales.
  • Hojas de reflexión para que apuntes qué has necesitado en cada etapa.
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