Cómo «fabricar» tiempo para escribir en medio del caos

Llevo un tiempo muy desconectada de mi yo escritora por un cúmulo de circunstancias externas a mí, pero también internas. 

Mi trabajo como mentora y editora me consume todo el tiempo, además de llevar todo el peso estratégico y creativo de mi emprendimiento, lo cual no me deja ni un minuto de tiempo libre para leer por placer, tejer o hacer otras cosas que me gustan.

Seguro que sabes de lo que te hablo.

Te embarcas en emprender porque piensas que tendrás más libertad y, en realidad, tú misma te pones las cadenas.

El caso es que, una de estas tardes que tenía que entregar una corrección e iba pilladísima de tiempo y mis hijos no paraban de reclamar mi atención, pensé que hay que ver que no tengo tiempo ni de rascarme.

Mucho menos, para escribir, así que volví a analizar en qué se iban mis minutos.

Te recomiendo hacer este ejercicio al menos un par de veces al año como mínimo, porque es fácil dejarse arrastrar por la desgana y la desmotivación conforme pasa el tiempo y tirar por tierra la rutina que tengas.

Reconoce que procrastinas


Descubrir que te engañas a ti misma diciéndote que estás muy ocupada cuando resulta que pierdes el tiempo mirando Instagram o escroleando Notes de Substack es el primer paso. 

Al analizar minuto a minuto mis días, me di cuenta de que después de comer, bajo la excusa de que estaba descansando, se me iban más de dos horas mirando el teléfono.

Eso no es descansar.

Descansar es desconectar, no dejar que tu cabeza se siga llenando de ruido inservible que solo estresa y agobia.

Tengo un temporizador para Instagram desde hace mucho tiempo, pero también lo he puesto en el resto de redes, incluso he desinstalado alguna, de forma que, cuando se cumple el tiempo, la aplicación se bloquea hasta el día siguiente. 

No solo me da paz mental, sino que me da minutos para pensar en mi novela y reconectar con ella, tomar notas o incluso escribir escenas a mano en un cuaderno o en la tablet (en mi cumpleaños me regalaron una con lápiz táctil que ha cambiado mi productividad de una forma asombrosa porque ya no tengo que estar con el ordenador).

Educa a tu entorno

Escribir requiere concentración y espacio. 

Cómo te concentras es muy personal. Hay escritoras que escuchan música, otras necesitan silencio absoluto y otras, irse a la calle.

Yo soy de las que para escribir necesita ruido porque me abstraigo mucho mejor y por eso me quedo en el salón de casa.

Pero estar presente en el salón, no significa que me puedan hablar o reclamarme para ochenta cuestiones que no tengo obligatoriamente que resolver yo.

Educar a tu familia que, cuando estás escribiendo, no te puede molestar durante el tiempo que estimes es un paso muy importante para proteger tu tiempo de escritura.

La colaboración de tu entorno es imprescindible y requiere un trabajo arduo de concienciación.

Explícales que tienen que respetar tu tiempo y tu espacio de escritura, siempre que tengas hijos que tengan edad para entenderlo, claro.

Cuando son muy pequeños, olvídate. Tus rutinas tienen que girar en torno a las suyas; no hay otra manera.

Establece tiempos para que entiendan que no es que no quieras atenderlos, sino que lo harás cuando acabes tu sesión de escritura, siempre que no sea nada urgente.

Busca un grupo afín

Escribir con compañeras con las que puedas compartir y donde encuentres comprensión y apoyo multiplica tu motivación.

El problema es que no es tan fácil encontrar a mujeres que piensen y sientan la literatura como una misma; lo tengo comprobado.

Los egos terminan haciéndose un hueco, se pierde el respeto por la disponibilidad de cada una, surgen malos entendidos y envidias que corroen el grupo y lo convierte en un lugar incómodo.

Y luego está la visión que tenga cada una.

Tengo unas convicciones muy férreas de lo que debe ser la literatura, y la romántica en concreto, y no puedo compartir espacio con personas que no lo viven de la misma manera, que no sienten el más mínimo cariño y amor por la escritura, que publican de cualquier manera, sin corregir, sin editar, sin un mínimo filtro de orgullo profesional.

Solo vomitan y publican. Cuanto más, mejor. Como si la cultura fuera una fábrica de churros.

¿Cómo voy a compartir espacio y tiempo con ella, qué apoyo o comprensión voy a encontrar si no coincidimos en lo más básico?

Crea un plan a tu medida

El mayor aprendizaje que tuve con el pódcast del Círculo Literario de Mujeres Escritoras fue que no hay un método igual para todas.

Cada una tiene su propio sistema y rutinas: escribir a diario siguiendo una escaleta, escribir de forma no lineal conforme te vienen las ideas o hacer esprints de escritura cuando tienes vacaciones o un fin de semana largo, por ejemplo.

Pero independientemente de tu rutina o forma de trabajar, tener un objetivo te anima a cumplirlo, te hace más eficaz y productiva.

Ese objetivo puede ser escribir x palabras en x tiempo, terminar el borrador de tu novela en x fecha o publicar en x día.

Además, también te ayuda a adquirir un compromiso contigo misma y a tomarte en serio la escritura de tu novela si de verdad deseas cumplir ese sueño.

Te proporciona una brújula que te da seguridad en todos los sentidos porque enfoca tu energía y reduce el cansancio mental al saber qué tienes que hacer en cada momento; no te distraes pensando en lo siguiente ni te pierdes en decisiones innecesarias.

Además, aumenta tu confianza y reduce el estrés porque, al ponerte pequeñas metas que puedas alcanzar dentro de tu realidad, refuerzas tu capacidad para conseguirlas y eso te da un subidón de motivación para no decaer.

Si, aun así, no tienes tiempo…

… porque tengas compromisos familiares muy exigentes o un trabajo que te deja agotada, ¿qué puedes hacer?

Escribir es una pasión que te remueve por dentro, pero no es fácil disfrutar de ella si tu vida no te lo permite.

Lo más importante es que no te castigues por no poder dedicarle el tiempo que te gustaría. 

Si no puedes escribir un capítulo a la semana, escríbelo en dos.

¿No puedes escribir todos los días una hora? Escribe media.

Si durante la semana estás agotada, escribe durante el fin de semana.

Y si tampoco puedes los sábados y domingos, hazlo en esprints o en vacaciones.

Nadie te aprieta ni te obliga a terminar el borrador, solo tu propio compromiso y las metas que te hayas propuesto, y como solo respondes ante ti misma, adaptar esas metas a tus circunstancias con autocompasión y flexibilidad depende de ti.

No es nada fácil fabricar tiempo para escribir. Esta es una de las mayores preocupaciones y limitaciones que tenemos las mujeres a las que nos apasiona la escritura. 

Si le sumamos el sentimiento de culpabilidad y egoísmo por querer proteger ese tiempo para ti, es todavía peor y requiere de un profundo trabajo interno para entender que tienes derecho a ese tiempo para ti, que no tienes que estar disponible siempre para todo el mundo, que también eres persona y mujer, además de madre, pareja, hija y todos los roles que formen parte de ti.

Empieza por pequeños pasos, como el de quitarte las redes del teléfono, por ejemplo, o bloquearlas después de un tiempo de uso.

Y sigue a partir de ahí.

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