Por qué usar (mal) la IA está destrozando tu reputación como escritora y como profesional

Empecé a trastear ChatGPT este verano al ver que todo el mundo hablaba de ello y que contaban verdaderas maravillas. ¿Multiplicar tu productividad? ¿Acortar tiempos de creación? ¿Agilizar procesos? Parecía la solución a cualquier problema.

Como emprendedora y escritora, vi el cielo abierto si todo aquello era verdad.

No tener que preocuparme de pasarme tres horas de reloj escribiendo un episodio para el pódcast, no quebrarme la cabeza para escribir las newsletters o las publicaciones de Instagram, salir del bloqueo y terminar de una vez Volver a sentir

Así que hoy te voy a contar mi experiencia de los últimos meses usando la inteligencia artificial para que aprendas de mis errores y no los cometas si no quieres perder tu voz y tu personalidad, y que tu reputación quede por los suelos.

Cómo usé la IA para escribir ficción

Como es natural, la usé primero como escritora, para comprobar por mí misma sus bondades, aunque hasta ese momento había sido muy escéptica al respecto.

Primero, como es habitual en mí, me documenté sobre cómo funcionan los prompts, cómo darle instrucciones específicas a la máquina, cómo entrenarla, cómo «copiar» mi voz, etc. Incluso hice un par de cursos de gente muy potente y de larga trayectoria y reputación que me parecieron una auténtica estafa y que no me sirvieron para nada.

El resultado fue un desastre. 

Pensarás, si sueles usar la IA en tus escritos y contenidos y estás muy contenta con los resultados, que no la utilicé bien. 

Y es posible que haya sido así, pero tengo una larga trayectoria como correctora y editora y detecto el tufillo a IA enseguida, así que permíteme afirmar que la impronta que deja la máquina en los textos es inevitable por mucho que la entrenes o que edites después.

Es como cuando utilizas moldes de silicona para cocinar, que dejan siempre un regustillo a plástico apenas perceptible pero que ahí está.

Le di a la IA lo que llevo escrito de la novela, transcribí la escaleta —que siempre hago mano— con todo tipo de detalles, y el resumen de los capítulos que me faltan por escribir.

Lo que escupió era trillado, repetido, un refrito nada original y lleno de clichés.

Inservible.

Intenté reajustar y trabajé bastante en ello hasta que me di por vencida.

Eso por no hablar de los textos que escupía en plan: «Juntos, reafirmaron su determinación de llegar al momento crucial, conscientes de que los tiempos pasados no volverían, pero con la firmeza de enfrentar los desafíos que se presentaran de ahora en adelante. No solo porque su amor era eterno, sino porque también el futuro se preveía lleno de luz».

Eso no es de IA, pero podría serlo porque siempre escupe las mismas expresiones y las mismas estructuras. Además de las faltas de ortografía, de gramática o de las múltiples repeticiones, tanto de frases y palabras como de ideas.

El texto que crea no se puede usar tal cual, hay que editarlo sin más remedio.

Si tienes un mínimo de orgullo y amor por la escritura, claro.

Pero ¿cómo editas el párrafo de antes? No se puede, hay que reescribirlo entero porque es rimbombante y nada emotivo, aunque se esfuerce en serlo.

Mi conclusión es que da más trabajo del que quita.

Cómo usé la IA para planificar una novela

La falta de creatividad de la máquina también se puso de manifiesto cuando intenté cambiar de proyecto.

Tengo apuntada una serie de ideas para los personajes secundarios de Traiciones ocultas, porque me encanta el suspense romántico y porque me encanta la historia de Álex. Así que intenté que la IA me ayudara a desarrollar argumentos y hacer una escaleta para esas ideas.

De nuevo, solo daba sugerencias sin un ápice de originalidad y llenas de clichés que echaban para atrás.

Repetía escenas e ideas argumentales como si no fuera capaz de salir de un círculo sobre el que daba vueltas y más vueltas.

No voy a decir que no pude salvar nada, porque algún pequeño flash sí pude rescatar, pero ni despertó mi creatividad ni me surgieron nuevas ideas que me gustaran.

Ni siquiera darle una idea de argumento y pedirle diferentes enfoques funcionó para otros subgéneros, todo había que editarlo, reordenarlo, reestructurarlo.

Nada que no pudiera hacer por mí misma con un boli, un cuaderno y una lluvia de ideas.

Repito que es mi experiencia y tal vez a ti te esté funcionando de lujo porque la has entrenado superbién y te ayuda un montón a planificar o a crear argumentos.

Pero si te ha pasado como a mí y estás estancada en la planificación o en la escritura de tu novela, te invito a echarle un vistazo a mi mentoría personalizada.

No es mi intención demonizar la IA ni mucho menos, porque también la he usado y mucho en mi faceta como emprendedora y creadora de contenido.

Y ahí sí que me voló la cabeza con todo lo que puede hacer.

Cómo usé la IA para crear estrategias y optimizarlas

Emprender no es un paseo por el campo, está lleno de desvelos y preocupaciones. Y comprende tal cantidad de aspectos que lo de la mujer orquesta se queda en chiste.

Embudos de venta, estrategias de marketing, creación de ofertas, perfiles de clientes, marca personal, identidad visual, páginas de ventas, email marketing, lanzamientos, contenidos para ochenta redes sociales, cada una con sus particularidades…

La lista es interminable. Y para cada punto y subpunto hay alguien que quiere venderte la solución definitiva porque no lo haces bien.

Y cuando los resultados no equivalen al esfuerzo, el runrún de que estás haciendo algo mal y no sabes cómo arreglarlo te quema y te estresa. Y le das la razón a esa gente.

Hay tanta información ahí fuera y ruido, además, muchas veces contradictoria, que dar palos de ciego es casi inevitable.

En este aspecto, la IA ha sido una magnífica aliada porque no soy experta ni especialista en toda la lista que te he enumerado antes, por mucho que ponga de mi parte e intente hacerlo como se supone.

Mi Drive estaba lleno de planes de negocio, de acción, de comunicación. Todo muy bonito aterrizado pero fatal ejecutado.

Y la IA me ha dado las instrucciones y me ha ayudado a ordenar, a plantear de forma correcta la base, sobre todo, de cara a crear contenido que conecte contigo, que me ayude a comunicar mucho mejor el valor de mis informes de lectura, correcciones o mentorías, ahora que hay una avalancha de intrusismo en la profesión que ha reventado los precios y ha hecho que las profesionales parezcamos chorizas o aprovechadas. 

Como asistente, creo que la IA es una herramienta magnífica.

Pero la emoción de ver todo lo que era capaz de crear, me hizo perder la perspectiva de que solo es eso, una herramienta, una ayudante, no es un clon de mí.

Cómo usé la IA para crear contenido

Hace un par de semanas tuve una crisis de identidad. 

Me di cuenta de que había perdido mi voz y mi personalidad, de que mis contenidos empezaban con el «¿te ha pasado que… lo que sea, rellénalo con lo que quieras? No te preocupes, no estás sola» que ahora se ve en todas partes.

Todo lleno de emojis. Con conclusiones muy aparentes y motivacionales, pero que en el fondo son vacías, en plan Mr. Wonderful.

Y me di vergüenza.

Porque me cree un montón de GPT personalizados para cada mínima variante y plataforma, con mi estilo, con mi voz, con mi experiencia, pero sonaba como todo el mundo aunque corrigiera y editara el contenido antes de publicarlo.

Con temas genéricos que se pueden encontrar en cualquier otra cuenta de cualquier otra profesional.

Porque, claro, no era mi contenido, era de la IA. Y la IA bebe de los mismos sitios para todas, no tiene experiencia personal, ni sufre, ni se desmotiva, ni puede sentir como tú o como yo.

No es empática.

No puede entenderte y, por tanto, no puede crear nada que toque la fibra de las personas a las que te diriges.

Y estando tan obsesionada con la diferenciación como estoy en los últimos tiempos, ser consciente de esto me sentó como un cubo de agua fría.

¿Qué estaba haciendo?

En pos de la hiperproductividad y de estar en todas partes, me perdí.

Me convertí en una más.

Y, por supuesto, no quiero eso.

Así que ahora la IA me ayuda con ideas de contenido hiperespecíficas que conecten contigo, pero no las escribe por mí.

Si eso me supone publicar en Instagram tres días a la semana en vez de cinco o en Substack o en la newsletter de forma quincenal, que así sea.

No tengo que estar en todas partes para estar presente o para convertirme en tu profesional de cabecera.

Rectificar es de sabias y reconocerlo, de valientes. La IA es una herramienta potentísima, pero solo es eso, una herramienta, como Canva o Word, pero no eres tú. No la uses como si lo fuera si no quieres perder tu voz en el camino. Y si ya lo has hecho, nunca es tarde para cambiar y reencontrarte.

Esta guía gratuita en formato checklist te ayudará a facilitarte vida y simplificar todo el proceso con pasos ordenados y claros, para que no te saltes nada importante y sepas qué hacer en cada momento.

  • Un paso a paso detallado y ordenado.
  • Fichas de datos generales.
  • Hojas de reflexión para que apuntes qué has necesitado en cada etapa.
  • Versión editable por si la prefieres en digital.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio