Cómo autocorregir tu novela

Corregir no le gusta a casi nadie. Es curioso que para la gran mayoría de las escritoras sea un suplicio, largo, aburrido y frustrante. A esas alturas del proceso de edición, tienen la paciencia por los suelos y solo quieren publicar ya después de meses de trabajo intenso, a veces, con mucho sufrimiento y sacrificio. Pero el paso de autocorrección no te lo puedes saltar si quieres publicar con una mínima calidad.

El proceso de edición tiene una secuencia lógica de pasos.

El primero es planificar y escribir el manuscrito.

El segundo, la autocorrección, para entregar el borrador en la mejores condiciones a tus lectoras cero o a la profesional que te haga el informe de lectura.

En tercer lugar, tendrás que reescribir o arreglar aquellas partes que te hayan señalado como más flojas.

En este punto, que ya casi odias lo que has escrito sin el casi, es cuando interviene la correctora profesional para pulir todo lo que se te haya pasado y sacarle brillo a tu novela para que reluzca y quede lo mejor posible.

Para hacer la autocorrección de tu novela lo mejor es afrontarla por etapas. Cada etapa supondrá una lectura, pero ya sabes que nunca se hacen las revisiones suficientes.

Aunque te cueste trabajo y no te guste nada de nada este paso, piensa que todo es beneficio de la novela. Que cuanto más limpia de errores esté, con mayor calidad saldrá publicada.

Y no hay mayor satisfacción que sentirte orgullosa de tu trabajo. 

Un consejo para afrontar la autocorrección de tu novela es que no empieces a hacerla inmediatamente después de haberle puesto el punto final. 

Lo habrás leído en un montón de sitios, pero tiene su razón de ser.

Has estado conviviendo con la historia y los personajes un montón de meses. Hablas con ellos, sueñas con ellos, te sabes las conversaciones de memoria. Cuando te pones a revisar, no lees lo que has escrito, estás viviendo lo que has escrito, que es muy diferente.

Pierdes la concentración porque vuelves a vivir la historia.

Ese es uno de los motivos por los que siempre encuentras errores cada vez que lees.

Las correctoras profesionales entrenamos nuestro cerebro para ir más despacio, para concentrarnos en cada letra, espacio y carácter, algo muy difícil de hacer cuando tienes que revisar tus propias palabras. Y por eso, las escritoras correctoras también necesitamos que otros ojos nos revisen.

Como te decía, lo ideal es hacer la autocorrección por etapas. Concretamente, son tres, cada una enfocada en un aspecto diferente y que requiere una lectura completa.

Primera etapa: el contenido de tu novela

Aquí es donde las lectoras cero y los informes de lectura hacen más hincapié para evitar agujeros o incoherencias que pueden estropear la lectura o, peor aún, restarle credibilidad.

En esta etapa debes enfocarte en los elementos que componen y estructuran tu novela, es decir, si el argumento está bien cimentado y sigue un orden lógico y coherente, si los puntos de giro ayudan a avivar la acción e impulsarla, si los conflictos son realistas y con peso suficiente para poner trabas a los personajes, si estos son tridimensionales y humanos, etc.

También toca revisar que las escenas siguen un orden lógico, que no has cambiado los nombres o el color de ojos de los protagonistas, que la documentación es correcta y que todas las tramas quedan cerradas y explicadas.

Es posible que el informe de tus lectoras no haya sido favorable y tengas que editar el borrador, que tengas que recortar, ampliar o incluso eliminar personajes o modificarlos.

No te preocupes, lo habitual es que ocurran estos inconvenientes y tengas que seguir trabajando en tu novela. 

Escribir un borrador perfecto de primeras no está al alcance de cualquiera.

Segunda etapa: autocorrección de sintaxis y gramática

Es decir, cómo has escrito tu novela, qué palabras has utilizado, si son las más adecuadas para transmitir exactamente lo que quieres, si las frases no dan lugar a interpretaciones, si se repiten familias de palabras con la misma base o se repiten demasiado en un mismo párrafo.

Por ejemplo: Abrió los brazos para abrazarla.

O: Se subió a su coche, era un coche de alquiler, que alquiló el día anterior porque su coche estaba en el taller.

Sobre todo, debes analizar que la legibilidad sea la apropiada, que las palabras que hayas usado acompañen a las lectoras por la historia sin ser perceptibles, que se conviertan en emociones. En el lenguaje escrito, lo que debe primar es la claridad y la fluidez. Que leer no se convierta en un laberinto de ideas y frases que te sacan de la historia y sus personajes.

Hacer eso es todo un arte: que las lectoras olviden que están leyendo y que vivan la historia en la piel de los personajes.

Que eso se consiga solo con el lenguaje es increíble. Y por eso es tan difícil. 

Porque aplicar la normativa de la RAE solo requiere estudio, pero analizar tu propia forma de escribir y redactar, de cómo utilizas la lengua es otra cuestión.

Para detectar lo que sobra lo ideal es conocer tus vicios lingüísticos. Y eso se hace analizando las palabras y expresiones más recurrentes de tus textos.

Para ello puede ayudarte tener tu propio manual de estilo, una herramienta superútil y que te enseño a crear dentro de mi formación sobre autocorrección para escritoras.

Todo lo que esté relacionado con analizar, en general, a las escritoras no les gusta mucho. Pero yo soy de ciencias y suelo aplicar el método científico en todo lo que hago; me viene de serie.

Cuando empecé a escribir, utilizaba mucho la expresión «fruncir el ceño». La ponía cada dos por tres. Todos los personajes fruncían el ceño. Varias veces. Eso y «mesarse el pelo». 

Lo de usar mal mesarse el pelo viene por malas traducciones de las novelas románticas de autoras americanas que leía a través de Círculo de Lectores. Por si no lo sabes, esa expresión significa arrancarse el pelo de la cabeza o la barba, no es acariciarse el pelo o pasarse la mano por el pelo, como la mayoría cree.

Es uno de los errores más habituales que he visto como correctora.

En cualquier caso, conocer tus debilidades te hará mejor escritora. 

Tercera etapa: ortotipografía

¿Por qué dejamos esta para el final? Porque a estas alturas se supone que ya no se va a cambiar nada en el texto, hemos terminado de reescribir, quitar o añadir, etc. Las frases se van a quedar como están, por lo que ahora sí, hay que vigilar la puntuación, la acentuación y la unificación.

Unificar es darle coherencia al manuscrito, es decir, que si escribes los números con cifras, no los pongas con letras más adelante. O que si escribes un anglicismo en su forma original, no pongas la adaptación al español después; manten la coherencia en todo el texto.

Esta revisión es la más ardua y la que requiere mayor concentración para no dejar faltas de ortografía muy graves en el manuscrito y que se puedan pasar por alto en la corrección profesional.

Como ves, el proceso de autocorrección requiere paciencia, tiempo y conocimientos, porque si no sabes qué errores cometes, será imposible que los detectes.

Si escribes mal una palabra una vez, puede ser que te hayas despistado, pero si la escribes mal todas las veces es que no sabes lo que significa. Y eso es un problema porque no conseguirás transmitir lo que de verdad quieres.

Para ayudarte a conocer la normativa, cómo se ponen las comas, las tildes, cómo se puntúan los diálogos, etc., tienes mi curso de autocorrección para escritoras, donde te enseño todos esos aspectos con clases teóricas, mucha práctica y pruebas de nivel que yo misma reviso.

Si quieres saber más sobre esto, escríbeme, estaré encantada de informarte.

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