Cómo trabajar el conflicto en la novela romántica

Seguro que alguna vez has leído aquello de que sin conflicto no hay novela

El conflicto es la base primordial de una novela. Es el obstáculo que se encuentran los protagonistas en su camino para alcanzar su objetivo. 

Al igual que los personajes son el motor de la historia, los conflictos son el motor de la acción, los que la ponen en marcha: la protagonista quiere conseguir algo y en su camino hay algo que se lo impide. ¿Por qué no pueden estar juntos los personajes principales de una historia romántica?

Además, son puntos de tensión. Un conflicto es el desencadenante de la acción, el que rompe el equilibrio del personaje principal. 

Es el punto de partida del planteamiento, después, crece a lo largo del nudo o se refuerza con otro, dando lugar a la transformación que debe sufrir el personaje hasta llegar al desenlace.

Por ejemplo, en mi novela Volver a empezar, Eve y Ryan se aman, pero él no quiere perder su libertad y decide anteponer su futuro laboral a su relación. Esta decisión produce un cambio radical en la vida de Eve. Cuando se reencuentran años después, Ryan se da de bruces con otro conflicto: competir con una nueva Eve que debe volver a enamorar.

El objetivo de los personajes y los conflictos que se encuentran para alcanzarlos son el núcleo de la novela, porque, si no hay objetivos, ¿qué va a hacer el personaje? Y si no tiene obstáculos, ¿qué interés tiene contar su historia?

Hay dos tipos de conflictos que son básicos: los internos y los externos.  En los externos, el personaje se ve obligado a enfrentarse a un factor que no depende de él y a tomar una decisión irreversible.

Los internos son conflictos existenciales muy ligados a la personalidad de la protagonista y que generan una importante tensión. Esto hace a los personajes mucho más interesantes porque adquieren mayor dimensión.

En mi novela Tras el largo invierno, el conflicto externo al que se enfrenta Kate es que hay algo o alguien que no quiere que explote la mina de oro de su padre y no paran de surgir imprevistos, accidentes y sabotajes para conseguir echarla de allí. 

Además, la muerte de su padre no fue accidental, aunque ella al principio no lo sabe, por lo que la intriga y la tensión sobre qué pasará con la explotación o si conseguirá encontrar el oro y al asesino de su padre aseguran el entretenimiento de las lectoras.

Por otra parte, el conflicto interno es que nunca ha superado la sensación de abandono, tanto por parte de su padre como por parte del hombre al que amaba, por lo que surge una dicotomía dentro de los sentimientos que le despierta la muerte de su padre y el hecho de tener que volver a enfrentarse e incluso pedir ayuda al hombre que nunca olvidó.

Son los conflictos internos los que nos ayudan a entender y a empatizar con los personajes, los que nos pellizcan el corazón porque el miedo, el abandono, la pérdida, la muerte, el amor, los deseos, la superación personal, etc., son universales y todas las personas nos hemos llegado a sentir así en algún momento de nuestras vidas. 

Trabajar un buen conflicto interno nos asegura que las lectoras se enganchen a los personajes y a su historia.

Como puedes comprobar, desarrollar unos buenos conflictos es casi lo más importante de escribir ficción, porque es alrededor de ellos que se construyen los personajes y las tramas:

  • ayudan a avanzar la narración, puesto que cada nuevo obstáculo supone un punto de tensión que hace virar la acción hacia otras circunstancias, obligando a los personajes a tomar decisiones irreversibles que los impulsan hacia delante.
  • transforman a los personajes, evolucionándolos, ya que es cuando nos enfrentamos a los obstáculos que nos pone la vida, o nosotras mismas, que crecemos y nos conocemos mejor.

Hay que tener cuidado a la hora de introducir los conflictos para que la historia que estamos escribiendo no pierda credibilidad. 

¿Por qué puede suceder esto?

Porque los conflictos son o demasiado difíciles o demasiado fáciles

Deben tener la dificultad justa para que supongan un verdadero sacrificio para los personajes, pero que tampoco sean imposibles de superar porque corremos el riesgo de que las lectoras se aburran. 

Pongamos que uno de los protagonistas tiene una enfermedad terminal, ese obstáculo es imposible de superar para que ambos personajes terminen juntos y felices, con lo cual, las expectativas de las lectoras se van a derrumbar y se van a sentir decepcionadas. 

Lo mismo ocurre al contrario, cuando el conflicto es tan leve que, después de leer más media novela en la que el hype ha ido creciendo progresivamente, te encuentras que todo se soluciona con una simple conversación.

Independientemente de cómo sea tu forma de trabajar o escaletar tus novelas, el tema de los conflictos no es algo que debas dejar al azar.

Si todo esto te resulta demasiado abrumador y complejo, échale un ojo a mi programa de mentorización de novela.

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