La salud mental en los personajes de novela romántica

¿Te has parado a pensar alguna vez cómo tratamos la salud mental de los personajes que construímos y qué importancia le damos?

El tema de hoy me ha venido inspirado por la última novela que he leído, concretamente, de su protagonista femenina.

Los dos personajes principales tienen una mochila emocional bastante pesada, del tipo de necesitar ayuda especializada externa.

Y ahí es donde quiero incidir, porque muchas veces, para aumentar el conflicto de los personajes y meterlos en apuros para darles más dramatismo y complejidad, nos olvidamos de que hay cosas que no se solucionan con un parpadeo.

Y que conste que yo también he pecado de esto en mis novelas, de hecho, en una crítica que me hicieron de El secreto de lady Sarah, precisamente, señalaron que Sarah parecía superar años de maltrato y vejaciones de forma muy rápida. Y puede ser que sea así y que no trabajara lo suficiente esa parte mental de mi protagonista, analizando ese aspecto con perspectiva.

En el caso de la novela que he leído, la chica ha sufrido pérdidas muy importantes y ese duelo que tiene enquistado la lleva incluso a autolesionarse.

El amor no lo cura todo

No soy psicóloga ni tengo ni idea de estas cuestiones, pero creo que el que alguien llegue a ese punto pone de manifiesto que lo que tiene dentro no se va solo por enamorarte y ya. Más cuando a esa problemática, que se entiende que lleva años arrastrando, se suman nuevos golpes brutales de la vida.

Que el amor lo cura todo y todo lo puede es una utopía maravillosa, y eso que soy de las que cree que hay muchas cosas feas internas que con amor del bueno y del sano se pueden paliar, pero no es realista pensar que problemas mentales serios se curen solo con amor.

Sobre todo, porque es fundamental e imprescindible quererse a una misma antes de poder querer a nadie.

Si no te quieres a ti misma primero o, al menos, aprendes a hacerlo durante el transcurso del nacimiento de una relación, es muy difícil que esta tenga futuro.

La resolución casi milagrosa del conflicto interno del personaje femenino es en donde radica el fallo principal de esta historia, porque no me lo he creído.

Después de leer toda la novela, confieso que en diagonal porque tanto dar vueltas alrededor del drama que rodea a ambos personajes me resultó lento y repetitivo, esperaba un final, al menos, resuelto con coherencia.

Pero no es lo que sucede y donde explotó mi decepción.

En el momento en el que se pierde el principio de verosimilitud, pierdes a las lectoras, porque es muy difícil creerse el resto de lo que sucede si algo, sobre todo, tan principal e importante, no te lo crees.

En novela romántica, hay mucha tendencia a que suceda esto: A se enamora de B y todo se vuelve arcoíris y felicidad.

Pero si algo caracteriza a la novela romántica, es que habla de temas cotidianos, de la vida, llevada al mundo que quieras, da igual el paquete en el que la metas, pero las relaciones y todo lo que sucede alrededor de ellas son cosas que todas podemos imaginar porque las hemos vivido de forma más o menos cercana y personal.

Además, en este género, los personajes son lo más importante y cuando no están bien pensados ni trabajados, toda la estructura que construimos a su alrededor, no se sostiene.

Los conflictos de los personajes

Cuando creamos los conflictos, tenemos que tener en cuenta cómo los personajes van a superarlos, y aquí es donde radica la mayor dificultad, en mi opinión, a la hora de planificar una novela:

  • que nos vengamos muy arriba y que cuando el personaje llegue a ese punto crucial nos demos cuenta de que el conflicto no se puede resolver;
  • o, lo contrario, que sea tan tonto o insignifcante que nos preguntemos a qué ha venido tanto giro y tanta trama para luego encontrarnos con eso.

De los conflictos, te hablé en el episodio 31, al que puedes volver desde aquí, por si quieres profundizar un poco más.

Cuando los personajes tienen mucha carga psicólogica o traumas arraigados, es muy difícil que esos conflictos se resuelvan solos en pocas semanas o pocos meses, y más sin ayuda.

Por eso hay que tener mucho cuidado cuando tratemos temas complejos y delicados en nuestros personajes que sean susceptibles de necesitar un tratamiento profundo y profesional.

Ya no solo por mantener ese pacto tácito escritora-lectora por el cual yo me invento lo que sea y tú tienes que creértelo dentro de una coherencia, sino porque flaco favor le hacemos a las lectoras, sobre todo, si estas son jóvenes, si los problemas mentales complejos los tratamos como un arañazo en la rodilla. Hoy en día que hablar de salud mental es más habitual y no hay tanto tabú a decir cómo nos sentimos o lo que nos pasa es algo que deberíamos implementar también en la novela romántica, igual que hemos hecho con el feminismo, las relaciones tóxicas y otros tantos temas que han ido modernizando el género.

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