Reflexiones de final de año (por dentro y por fuera)

Esta es la última entrada del año, que se corresponde con el episodio número cuarenta del pódcast, un formato que cada vez me gusta más y que nunca pensé que duraría ya dos años. Se ha convertido en uno de mis canales favoritos junto con la newsletter.

No sé qué le deparará el año que viene, pero tengo claro que voy a seguir con la dinámica de un episodio quincenal hablando sobre escritura, edición y autopublicación para facilitarte con mi experiencia y aprendizajes todo lo que pueda en tu camino como escritora.

Pero este pódcast no será el único proyecto de este estilo que me verás el año que viene.

Ahora no te voy a hablar de él, te remito a que estés atenta en enero, que será cuando te lo presente. Solo espero que te guste tanto como este.

Otra de las cosas que voy a mantener es la newsletter, por supuesto, el único medio donde me abro en canal, a veces, demasiado, y puedo hablar contigo de tú a tú en la intimidad. Si no estás suscrita, te animo a hacerlo en el formulario que tienes al final de la página.

Por otro lado, si me sigues en Instagram te habrás dado cuenta de que ahora se me ve mucho más. A partir de ahora, tendrás un vídeo mío, al menos, una vez a la semana. Algo que me saca completamente de mi zona de confort pero que ya he está dando resultados a nivel de visibilidad, así que será algo que seguiré haciendo durante el año que viene.

Este 2023 que ya está terminando ha estado lleno de altibajos, personales y profesionales. He tenido que tomar decisiones de todo tipo, algunas obligadas por inesperadas y otras bastante radicales y enfrentarme a verdades que me negaba siquiera a atisbar.

Una de ellas fue comprender que la escritura profesional, entendiendo como profesional el vivir de ello, no es para mí. Y no lo es porque mi vocación está en la edición de libros.

En ayudarte a ti a crear tu manuscrito, a corregirlo, a convertirlo en un libro que llegue a las lectoras en las mejores condiciones.

No te creas que llegué sola a esa conclusión, pedí ayuda viendo que estaba yendo a la deriva y me encontraba cada vez más perdida en esto de emprender.

Porque emprender está genial, pero nadie te prepara ni te enseña a manejar todo lo que de repente te cae encima.

Otra de las decisiones radicales que he tomado en los últimos meses ha sido la de borrar del mapa mi proyecto de escuela para escritoras.

Reconozco que nació un poco de la necesidad de abrir nuevas líneas de negocio que no me consumieran más tiempo ni energía y que varios de los cursos ya los tenía creados. Tenía la firme convicción de que podría ser algo positivo porque llevar una carrera literaria sólida cuesta mucho trabajo y es muy abrumador.

Pensé que podía trasladar mi concepto de ser escritora desde la calma y la armonía, con orden y foco, a una escuela de cursos que funcionara como una membresía pero sin serlo.

No conseguí mi objetivo. Todas las personas con las que hablé del proyecto no entendían de qué iba. No fui capaz de trasladar ni comunicar mi idea de forma eficiente y comprensible.

Y hoy en día, si no eres capaz de tener una comunicación propia que te diferencie y hacerlo bien, estás perdida.

Suena a fracaso, pero para mí no lo fue, de hecho, ya sabes, si me sueles escuchar o leer, que para mí el fracaso no es tal, es aprendizaje. Y la lección que aprendí de esto es que cada decisión que afecte a nuestro trabajo debe tomarse desde el análisis interno, tus motivaciones y cómo puede ayudar al desarrollo de tu visión.

Ese análisis que llevé a cabo después del verano ha hecho que deseche, además de la escuela, otros aspectos que hacían de mi emprendimiento un batiburrillo con el que no me sentía cómoda.

Ahora puedo decir que me siento más conectada con mi trabajo y con el mensaje que quiero transmitir, así que afronto este nuevo año con mucha ilusión.

A grandes rasgos, eso es lo que se ha cocido por dentro, pero no quiero dejar de lado lo que se ha podido ver desde fuera, las novelas en las que he tenido el honor de aportar mi granito para que sean sus mejores versiones.

Las primeras a las que quiero recordar son a mis chicas de la mentoría de novela. A Esther Williams, con La sonrisa escondida, a Sol de Castro, con Rumbo a ti, a Tamara Díaz, con 3 rayos de esperanza y un te quiero, a Sara F. Fernández con Eres el destino que elijo y a Jennifer Sweet con Siempre has sido tú.

Mujeres increíbles todas ellas que han escrito novelas muy diferentes entre sí con estilos muy muy particulares y todas de temáticas opuestas las unas de las otras que me han emocionado y hecho disfrutar un montón.

Además, he tenido la suerte de editar novelas que me han impresionado y me han dejado resaca, como Cuando las estrellas brillen en tus ojos o Los secretos de Victoria Olivares, de Helen Rytkonen, Sígueme a Escocia, de Asun Jurado, o los libros de no ficción de Pilar N. Colorado que no me cansaré de recomendar.

Hay muchas más por supuesto y te invito a pasarte por mi perfil de Instagram, donde podrás ver un resumen de mi trabajo de este año.

No sé qué deparará el 2024, lo único que tengo claro es que estará lleno de buena literatura, romántica, feelgood, contemporánea y lo que se tercie. Y si no se cruzan lo astros en mi contra, una nueva novela después de cuatro años sin publicar y que espero que sirva de reencuentro con mis lectoras, a las que echo muchísimo de menos.

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