3 consejos para alcanzar tus propósitos de escritora

Enero y septiembre son los meses de los propósitos.

El primero, porque empezamos el año llena de energía y motivación. Y el segundo, porque el verano es como una especie de minireinicio y queremos apurar el último trimestre para conseguir lo que no hemos hecho los nueve meses anteriores. E

l caso es que nos llenamos de objetivos, retos, proyectos y queremos establecer nuevos hábitos y rutinas que nos lleven en volandas para conseguirlos. ¿Pero qué pasa? Que después llega febrero y todo se desvanece cuando te das cuenta de que si no tienes un plan y un mínimo de organización, no puedes.

Así que para que no te encuentres con que ya no te apetece coger la agenda y apuntar lo que debes hacer, te voy a dar unos consejos que te pueden ayudar a avanzar con tus propósitos.

Pon el foco en lo importante

¿Y qué es lo importante para una escritora? Escribir. Siempre. Si quieres escribir, escribe. En realidad es así de sencillo. Ni redes ni blogs ni pepinillos en vinagre. En estos años me he dado cuenta de que sí, hay que trabajar otras áreas para ser escritora y publicar con calidad profesional, pero sin perder el foco.

Y nuestro foco siempre debe estar puesto en la escritura. ¿Y eso qué significa? Que si tienes media hora al día para dedicarte a la escritura, no puedes perderlo haciendo reels.

Es muy fácil distraerse cuando la inseguridad o el miedo ocupan gran parte de tu mente. Porque, además, es que escribir es difícil. Yo no dejo de repetirlo en mi mentoría, y requiere un esfuerzo constante por nuestra parte a pesar del cansancio o la desgana.

Párate un momento y piensa qué estás dispuesta a sacrificar para publicar tu novela este año.

Analiza tus distractores

Y con distractor es me refiero a todo todo todo lo que te saque de tu horario de escritura. Ya sean tus hijos, tu madre, tu suegra, el teléfono o cualquier otra cosa que se te ocurra.

Tu horario de escritura debe ser sagrado y así debes manifestarlo, aunque tu entorno no lo entienda. Y créeme que a veces les cuesta. Así que si tienes que tomar una decisión drástica como dejar que el teléfono suene, déjalo. Al principio sé que cuesta bastante trabajo, pero al final tu entorno entenderá que no puede molestarte en el rato en el que estás escribiendo.

Merece la pena invertir tiempo en hacer un estudio de qué es lo que más te distrae durante tu jornada de escritura, porque si lo detectas, podrás ponerle remedio, ya sea en llamadas intempestivas, demasiadas notificaciones o tu propia mente, que de repente desconecta y empieza a divagar.

Si es esto último, te aconsejo que tengas un cuaderno de desahogo a mano para que puedas escribir durante unos minutos lo que ocupa tu cabeza y así puedas seguir trabajando sin pensar en ello.

Trabaja con objetivos a medio y corto plazo

Tener objetivos es marcarte metas. Sin ellas, no sabes qué tienes que hacer ni por qué. Yo, aunque tengo objetivos anuales para tener una imagen global, prefiero centrarme en las semanas. Ya sabes, tareas pequeñitas, digeribles y que no te provoquen indigestión.

Por eso, llevo un tiempo probando el método de Ivy Lee. Lo que hago es que el domingo hago una lista de cosas que tengo que hacer esa semana y las divido en esenciales y secundarias. Las esenciales son escribir x tiempo, programar el contenido del canal de Telegram, revisar las mentorías, etcétera, que son las que siempre hago primero. Las secundarias pues pueden ser algún beteo, preparar algo para Instagram o grabar el pódcast.

De estas, las que se quedan sin hacer pasan las primeras en la lista de secundarias de la semana siguiente.

La verdad es que este sistema me gusta y me siento bastante cómoda con él.

Cada primero de mes lo que miro son los objetivos que tengo ese mes y luego los trabajos semana a semana. Si te cuesta organizarte, te animo a que pruebes este método.

Y, sobre todo, no te desanimes si van pasando las semanas y no cumples con lo que te has propuesto ahora. Toda organización debe ser flexible, así que, a final de cada mes, párate y analiza qué está pasando y por qué no estás cumpliendo con lo que te has propuesto ahora. Puede ser que hayas sido demasiado entusiasta y que te hayas puesto demasiados objetivos, o que haya sobreestimado el tiempo que tardas en hacer las tareas o incluso que hayas calculado mal el tiempo real que dispones.

También puede ser que sea algo interno, es decir, que te sientas paralizada o que hayas procrastinado. Si es ese caso, ahonda en los motivos. Piensa que eso no lo va a ver nadie, solamente lo va a ver tú, son para ti. Así que intenta ser lo más sincera posible contigo misma.

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